Salvemos a Lafita, por Quique Riverola

Foto: aragonsport

Artículo de Quique Riverola en AragonSport.com 17/10/2011

Durante la invasión de Normandía, en plena Segunda Guerra Mundial, a un grupo de soldados americanos se le encomienda una peligrosa misión: poner a salvo al soldado James Ryan. No se trata en este caso de salvar al soldado Ryan, aunque el titular de mi escrito nos pueda recordar a la película dirigida por el maestro Spielberg. Quizás tampoco se trate de salvar al jugador Ángel Lafita, a quien dirige Javier Aguirre, quien parece haberse convertido por los resultados obtenidos en el Real Zaragoza en el chamán futbolístico del siglo XXI. Quizás el titular, como otros muchos, no sea más que una manera exagerada de captar la atención del lector. Pero tampoco puedo negarles que si creo en el trasfondo de lo titulado. Siento la necesidad de pedir el apoyo incondicional hacia Ángel Lafita al igual que no puedo negar que su rendimiento actual me preocupa más de lo que me podría preocupar en cualquier otro compañero. Y me preocupa más porque creo que, por el fútbol que mana por sus venas, el aragonés debe ser un referente al igual que ya lo es por el hecho de ser el único jugador del equipo made in Zaragoza, y no crean que soy yo quien se olvida de Kevin sino la realidad la que me hace no pensar en él como jugador del primer equipo.

Ángel Lafita no está en un buen estado físico y eso se nota en su fútbol ofensivo, pero no así en su trabajo constante, en su intensidad, en su lucha, en su espíritu de sacrificio y en su capacidad de superación. Es más, él sabe que no está bien y eso le ha llevando incluso a aumentar su pelea llevado por la rabia que en él se genera al verse casi siempre superado por su marcador. Pero no arroja la toalla, tira de raza y eso es encomiable, no se esconde, no utiliza la cobarde táctica del avestruz que se base en meter la cabeza debajo del ala, da la cara. Es cierto sí, es cierto que no está en bueno momento, que está un punto por debajo del resto en el aspecto físico y que esto queda al descubierto cuando tiene que correr a por un balón enviado al espacio, como a él le gusta, insisto en su estado para que no crean que presiono los teclados llevado por algún tipo de amistad personal que ya les digo que no existe. No está en buen momento y es por eso por lo que ahora es cuando más apoyo necesita, y es que como bien dicta el rico refranero español “para las cuestas arriba quiero a mi burro que las cuestas abajo yo me las subo”. Ayer escuché algunos silbidos y eso me entristeció, aunque también me vine arriba cuando escuche los aplausos de otros que valoraron su lucha y su tesón, algo que no es fácil cuando tu cuerpo parece no poder, cuando lo más habitual es dejarse llevar y bajar los brazos. Pero Ángel no lo hará nunca porque él no es así, porque le enseñaron a no ser así. No quiero justificar su irregularidad y su momento crítico, pero creo en lo que digo al igual que creo que se debe valorar el trabajo de ayuda que en este equipo hacen los centrocampistas de banda, quienes tienen que colaborar sobremanera en el trabajo defensivo ayudando a Juarez y Paredes respectivamente.

Se hace fácil el defender a Lafita tras ser el autor de dos de los tres goles que la pasada temporada marcó el Real Zaragoza en el Bernabéu. Fue sencillo alabar en esos momentos a quien durante mucho tiempo fue infravalorado y criticado por muchos, por esos mismos que ahora afilan sus guadañas para arañar al de casa. Ha llegado el momento de salvar a Lafita si queremos alcanzar nuestra propia salvación, el éxito de un club depende de muchos factores, pero el cariño que un equipo pueda levantar depende de aquellos jugadores que por el hecho de ser de la tierra permiten que la afición se identifique con ellos. Ángel es uno de esos deportistas humildes que por sus compartimientos y cercanía no parece ser futbolista. No es uno de esos profesionales amantes de los micrófonos ni modelo de los flashes, no es altivo, ni pedante ni distante. El aragonés es uno más de nuestra ciudad inmortal, el vecino que todos tenemos y con el que cada mañana emprendemos la habitual tertulia fugaz que siempre se genera en el montacargas. Logre lo que logre, haga lo que haga, alcance lo que alcance, marque o no marque…Lafita siempre regresará a su casa para ser de nuevo Ángel, para transitar por su ciudad junto a quienes son como él, sienten como él y aman como él. Ha llegado el momento de darle la mano, agarrarle con fuerza y saltar junto a él. Créanme si les digo que nos devolverá con creces el cariño que en estos momentos de dificultad le podamos ofrecer, confíen en él y cierren los ojos, cuando los abran todo habrá cambiado. Ahora, de momento, no podemos mentir, Lafita no está bien, a partir de ahí el técnico decide.

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Publicado el 18 octubre 2011 en Noticias, Prensa, Real Zaragoza y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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